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La curación de un paralítico

Cuatro hombres trajeron a un paralítico en una camilla, para que Jesús lo viera, pero como había tanta gente, no podían acercarse a Él. Subieron pues a la azotea de la casa e hicieron un agujero en el techo de la habitación donde estaba Jesús y, por el hueco descolgaron con unas cuerdas al enfermo en su camilla. Al ver Jesús que era mucha la fe que tenían, dijo al paralítico: "Hijo mío, tus pecados te son perdonados".

¡Cómo puede decir tal cosa! ¡Sólo Dios puede perdonar los pecados!". Jesús que sabía perfectamente lo que pensaban les dijo: "¿Por qué pensáis así? ¿Qué es más fácil decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Ahora veréis y comprenderéis que Dios me ha dado el poder de perdonar los pecados". Se dirigió al paralítico y le dijo: "Levántate, toma tu camilla y vete a casa".

El hombre se levantó, y ante los ojos de todo el mundo, cogió su camilla y se fue. Toda la gente allí presente quedó asombrada y comenzaron a dar gracias a Dios diciendo: "Nunca hemos visto nada parecido".
Tomado de: http://recursos.cnice.mec.es/bibliainfantil/nuevo/inicio/principal.htm
   

La resurrección de Lázaro


En Betania, una pequeña ciudad de Palestina cercana a Jerusalén, vivían unos amigos de Jesús a los que visitaba con frecuencia. Eran hermanos y se llamaban Lázaro, Marta y María.

Un día Lázaro se puso muy enfermo, y las hermanas mandaron un mensajero a Jesús para decirle: "Tu amigo está enfermo." Jesús, al enterarse, dijo: "Esta enfermedad no es de muerte, sino para que brille la gloria de Dios y la gloria del hijo de Dios." Al cabo de dos días Jesús dijo a sus discípulos: "Vamos otra vez a Judea porque Lázaro ha muerto, y yo me alegro de no haber estado allí. Así veréis el poder de Dios".

Cuando Marta oyó que venía Jesús, salió a su encuentro, mientras que María se quedó en casa. Marta dijo a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero yo sé que Dios te concederá todo lo que le pidas." Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará. Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?". Le contestó: "Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el hijo de Dios que tenía que venir al mundo".

Marta fue a llamar a María, su hermana, y le dijo al oído: "El Maestro está ahí y te llama". Ella, se levantó rápidamente y salió al encuentro de Jesús. Los judíos que estaban en casa de María y la consolaban, al verla levantarse y salir tan aprisa, la siguieron, creyendo que iba al sepulcro a llorar.

Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verlo, se echó a sus pies, diciendo: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto." Jesús, al verla llorar y que los judíos que la acompañaban también lloraban, se emocionó mucho y dijo: "¿Dónde lo habéis puesto?" Le contestaron: "Ven a verlo, Señor". Jesús se echó a llorar, y los judíos decían: "Mirad cuánto lo quería."

Jesús se emocionó otra vez al llegar al sepulcro, que era una cueva con una gran piedra puesta en la entrada. Entonces dijo: "Quitad la piedra." Quitaron la piedra que tapaba el sepulcro, y Jesús mirando al cielo dijo: "Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo sabía que siempre me escuchas". Y dicho esto, gritó muy fuerte: "¡Lázaro, sal fuera!". Y Lázaro salió del sepulcro. Llevaba atados los pies y las manos con vendas, y envuelta la cara en un sudario de tela. Jesús les dijo: "Desatadlo y dejadlo que ande". Marta y María cogieron a su hermano y entraron en la casa.

Lázaro había estado muerto durante cuatro días, y ahora estaba vivo otra vez. Las gentes que habían contemplado aquel milagro tan extraordinario se dieron cuenta que Jesús era el Hijo de Dios hecho hombre y que podía dar vida a los muertos.

El endemoniado

Jesús y sus discípulos habían subido en una barca para ir a la orilla opuesta del Lago de Galilea. Llegando a un lugar que llamaban la región de los gerasenos. Al desembarcar, le salió al encuentro un hombre poseído de espíritu impuro, que vivía en el cementerio y al que nadie podía sujetar ni siquiera con cadenas, pues muchas veces lo habían atado, pero él había roto las cadenas y nadie podía sujetarlo. Se pasaba el día y la noche entre los sepulcros y en los montes gritando y golpeándose con piedras.

Al ver desde lejos a Jesús, corrió, se arrodilló ante él y empezó a gritar: "Déjame en paz, Jesús, hijo del Dios altísimo. ¡Te pido por Dios que no me atormentes!". Es que Jesús le había ordenado: "¡Espíritu impuro, sal de ese hombre!". Jesús le preguntó: "¿Cómo te llamas?". Él contestó: "Me llamo legión, pues somos muchos".

Había por allí, en la ladera del monte, una gran piara de cerdos. Los espíritus impuros pidieron a Jesús: "Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos". Y se lo permitió. Ellos salieron, se metieron en los cerdos, y se lanzaron al lago por un precipicio. Los cuidadores de aquellos cerdos huyeron y contaron en el pueblo lo que había sucedido.

La gente fue a verlo, y al llegar a Jesús y ver sentado, vestido y en su sano juicio al endemoniado que había tenido la legión, se llenaron de miedo. Los que lo habían visto contaban lo ocurrido con el endemoniado y con los cerdos.

Jesús se subió a la barca para continuar su viaje y el endemoniado le pidió que le dejara ir con él, pero Él le dijo: "Vete a tu casa con los tuyos y cuéntales todo lo que el Señor ha hecho contigo". Él se fue y comenzó a decir por aquella región lo que Jesús había hecho con él. Todos estaban admirados.

Curación del ciego de nacimiento


Un día mientras Jesús iba de camino, vio a un hombre que era ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quién es el que cometió pecado, éste o sus padres, para que naciera ciego?" Los discípulos preguntaban esto, porque los judíos creían que las enfermedades eran un castigo de Dios por los pecados que había cometido el enfermo o alguno de sus antepasados, es decir, sus padres, sus abuelos o sus bisabuelos.

Jesús respondió: "Ni éste ni sus padres. Nació ciego para que veáis en él el poder de Dios. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo". Entonces escupió en la tierra e hizo barro con la saliva, le untó con ello los ojos y le dijo: "Ve a lavarte en la piscina de Siloé". Fue, se lavó y volvió con vista.

Los vecinos y los que solían verlo pidiendo limosna decían: "¿No es éste el que pedía para poder comer?" Unos decían: "Es éste". Y otros: "No, es uno que se le parece". Pero él decía: "Soy yo, soy yo". Todos le preguntaban qué le había pasado y él contaba lo sucedido.

La gente llevó ante los fariseos, al que había sido ciego, y éstos le preguntaron cómo había recobrado la vista. Él contestó: "Ese hombre me puso barro en los ojos, me lavé y veo". Algunos fariseos creían lo que había ocurrido y otros no, y estaban divididos. 
Entonces le preguntaron de nuevo al ciego: "¿Qué piensas tú del que te ha abierto los ojos?" Él contestó: "Que es un profeta".

Los judíos entonces llamaron a sus padres y les preguntaron: "¿Es éste su hijo. el que nació ciego? ¿Y cómo es que ahora ve?".
Los padres respondieron: "Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego. Pero no sabemos porque ahora ve ni quién le abrió los ojos. Pregúntenle a él, que ya es mayor y puede responder de sí mismo".

De nuevo, los fariseos volvieron a llamar al hombre que había sido ciego y le dijeron: "Di la verdad; nosotros sabemos que ese hombre que te sanó es un pecador". 
Él respondió: "Yo no sé si es un pecador; lo que sé es que yo era ciego y ahora veo". 
Al ver los fariseos que el que había sido ciego, creía que Jesús lo había curado, lo echaron de allí.

Jesús se enteró de que lo habían echado y cuando lo encontró le dijo: "¿Tú crees en el Hijo del Hombre?". Le contestó: "¿Y quién es, Señor, para que crea en él?" Jesús le dijo: "Tú lo has visto, y es el que está hablando contigo". Él entonces dijo: "Creo, Señor". Y se arrodilló ante él.

 

Las bodas de Caná

Jesús fue invitado a una boda en Caná, en la región de Galilea.
María observó que faltaban días para acabar la fiesta y el vino se había agotado. Ella se preocupó y se acercó a Jesús y le comunicó la situación.
María les dijo a los criados: "Haced lo que Jesús os diga".
Jesús les pidió a los criados que trajeran 6 vasijas llenas de agua. 
y mandó a los camareros que sirvieran a los invitados la bebida de aquellas vasijas. 
Cuando todos creían que servirían agua para beber se dieron cuenta de que no era agua, ¡era vino! 

El maestresala probó el vino y dijo: En todas las fiestas se sirve el mejor vino al principio, pero en esta fiesta el mejor vino se ha servido al final.


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